APRENDIENDO A ALIMENTARSE CONOCERSE A SI MISMO NADA EN EXCESO

Alimentación: vegetales y frutas

El vegetarismo : régimen de resistencia y longevidad

Alimentación con vegetales es la alimentación humana por excelencia.

1- Es completa, puesto que en ella abundan las albúminas hasta en proporción de 25 por 100 en las leguminosas, los hidratos de carbono (féculas o almidones y azúcares), que llegan a alcanzar proporciones tan considerables como las de 78 por 100 en el arroz, 69 por 100 en el trigo, 50 por 100 en las lentejas, 61 por 100 en las pasas, etc.; las grasas, de las cuales hay un 60 por 100 en las nueces, 61 por 100 en las avellanas, 99 por 100 en el aceite de olivas, etc.; las sales minerales, en las cuales abundan las verduras (por ejemplo, la espinaca, con variadas sales de sodio, potasio, calcio, hierro y fósforo), y las frutas (v,gr.: las uvas, con sus sulfatos, fosfatos, silicatos, malatos, citratos y racematos, y las naranjas, con abundantes sales de potasio, sodio y calcio, etc.); las vitaminas, que se encuentran en los granos, frutas, verduras y hortalizas, y el agua, que constituye la mayor parte de las frutas frescas y verduras.

2- No produce putrefacciones en el intestino, con lo que evita esa importantísima causa de infecciones y toxemia. Al observador menos sensible no puede por menos llamar la atención el notable contraste entre la deposición oscura, pegajosa y mal oliente de la persona carnívora y la deposición más rubia, suelta y menos oliente del vegetariano (observación que debe extenderse a los animales carniceros y a los vegetalívoros).

3- Es alimentación de fuerza y resistencia, por su abundancia en hidratos de carbono (combustible muscular), en contraposición con la alimentación predominante cárnea, que es alimentación de violencia por ser excitante (hecho confirmado por la observación de los animales carniceros, bruscos y violentos, que contrastan con los que se alimentan de vegetales y que el hombre emplea en trabajos de fuerza y resistencia).

4- Deja descanso suficiente a las vísceras, puesto que no las somete al exagerado trabajo de neutralización tóxica (insuficiente la mayor parte de las veces), a que las obliga la ingestión de productos animales; y

5- Evita el sacrificio doloroso de animales.
Es un hecho significativo y constituye el colosal experimento el que justamente con la disminución del consumo de carne y el racionamiento que obligó a los países beligerantes la gran guerra de 1914, disminuye también notablemente la mortalidad por enfermedades y la morbilidad misma (diabetes, nefritis, gota, obesidad…). La mayor parte de los pueblos orientales (chinos, siameses, coreanos, japoneses…) y, por tanto, las tres cuartas partes de la humanidad, apenas comen carne, y nada puede pedírseles en cuanto a sus condiciones de trabajo físico y resistencia nerviosa. En España mismo, hace cincuenta años, los campesinos eran muy parcos en el consumo de carnes, de las que sólo hacían exceso en las fiestas populares y onomásticas. Los grandes platos regionales que han mantenido durante siglos el vigor y la resistencia de la raza (hoy agotada por los vicios y los excesos alimenticios), están hechos a base de vegetales (cocido castellano, a base de garbanzos; paella valenciana, a base de arroz; gazpacho andaluz, a base de pan y tomate; pote gallego,; fabada asturiana; porrusalda vasca; gofio canario; migas; picadillos; mojillo; cachorreñas; gachas; sopaipas; sopa de ajo, etcétera).

La alimentación vegetariana es la base física del pensamiento puro, del dominio pasional y de la claridad de espíritu.
La alimentación de vegetales, por no ser excitante (lo mismo en el sentido químico como en el nervioso y psíquico) constituye el primer paso de la reforma moral y del dominio de sí mismo.

Alimentación con frutas es la alimentación ideal del hombre

Hemos visto que la constitución anatómica y fisiológica del hombre es la correspondiente a un ser de tipo frugívoro. En rigor, la alimentación ideal del hombre perfecto es la de frutos crudos.
Pero, a parte de ser los frutos aquellos alimentos que , bajo el punto de vista fisiológico, armonizan con su organismo de una forma perfecta, son también los que, extremando las propias exigencias, permiten realizar un ideal constructivo y de inofensividad, ya que para procurárnoslos no necesitamos privar de la vida a ningún ser animal ni vegetal.

El árbol o planta nos brinda sus frutos, verdaderos acumuladores de la energía solar, sin que para ello tengamos que segar su vida que también nos da sombra, frescura y deleite. Es la alimentación que no exige destruir. Hasta la misma semilla es arrojada íntegra a la tierra o eliminada en las deposiciones con el más eficaz de los abonos.
El hombre no sólo debe comer frutos, sino que los debe comer crudos para aprovechar íntegramente su valor nutritivo y sus factores de vitalización que, como hemos de ver, sufren importante merma bajo la acción del fuego.
El alimento crudo tiene también la ventaja de evitar la superalimentación, porque obliga a una detenida masticación y naturaliza el instinto de interpretación de las sensaciones gustativas.
En realidad, los excesos alimenticios se deben a la cocina, la insuficiente masticación, la falsa interpretación de sensaciones y el uso de excitantes.
La sobriedad es una de las condiciones esenciales de la buena salud. Comer sobriamente es la manera de conservar el organismo fuerte y resistente. Un exceso de comida que sobrepase la capacidad de asimilación, no consigue sino recargar el organismo de productos tóxicos o superfluos que obligarán a esfuerzos de eliminación sin aprovechar al proceso nutritivo, y mas bien dificultándole.
Recordemos la sabia frase cervantina puesta en labios de Don Quijote cuando aconsejaba a Sancho para el gobierno de la ínsula: “Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago”.
La comida excesiva que, aunque increíble parezca, llegó a convertirse en sistema terapéutico con los enfermos tuberculosos, es el más importante factor de intoxicación y acidificación orgánica. Todos los que han llegado a centenarios han sido sobrios. Por extensión, deducimos esta otra importantísima regla higiénica:
“No se debe comer sin tener hambre”, porque el organismo no podrá elaborarlo bien, y la comida inoportuna dará lugar al envenenamiento de los humores.
La alimentación de frutas, por las condiciones fisiológicas de su ingestión, va unida a una sobriedad natural que no exige esfuerzos de contención.
Es una alimentación completa porque contiene albúminas suficientes (nueces, almendras, etc.), hidrocarbonados (féculas y azúcares) en gran cantidad (plátanos, uvas, manzanas, almendras, cocos, etc.), siendo, como sabemos la fuente más importante de provisión de vitaminas y sales minerales vitalizadas.
Una alimentación de frutas y pan integral, es perfecta bajo el punto de vista químico y fisiológico para un hombre armónico y que haga vida natural.
Pero, desdichadamente, las condiciones habituales de la agitada vida de la civilización, con sus constantes preocupaciones y excitaciones, hacen difícil la alimentación exclusivamente frugívora. Sobre todo para las razas más sensibilizadas por sus muchos siglos de vida intelectual (como la nuestra latina) y para los individuos de tipo psíquico o temperamento nervioso, la alimentación de frutas adolece de falta de estímulo. Y se impone buscar éste en una comida más variada, rápida y fácilmente ingestible, incluso, algunas veces, concentrada con objeto de hallar en poco volumen las condiciones de nutrición, mineralización y estímulo en forma apropiada a las necesidades de personas débiles, sensibles, nerviosas, poco comedoras, que de ningún modo tolerarían los aportes nutritivos más diluidos en general y más rudos de la alimentación de frutos crudos. Esta es la causa del fracaso de muchos pretendientes del Frugivorismo, que se han visto sorprendidos por un estado de desnutrición, debido no sólo a deficiencias de valores estimulantes, sino a la falta de cierta cantidad y calidad de las albúminas fijadoras que constituían parte de su alimentación habitual. De todos modos, la alimentación frugívora es bien tolerada por individuos robustos, y debiera ser practicada oportunamente por todos, a título de régimen depurativo, en ciertas épocas del año (primavera u otoño).

El vegetarismo : régimen de resistencia y longevidad


Fue el atleta griego Ico de Tarento quien advirtió las grandes ventajas de un régimen exento de carnes y excitantes para conseguir la máxima eficacia en el ejercicio muscular. Desde aquellos tiempos de la antigua Grecia hasta los tiempos actuales, nadie ha puesto en duda tal aseveración.
Lagrange en su “Fisiología de los ejercicios del cuerpo” nos da amplios argumentos para demostrarlo. Pero bastaría uno solo que tiene caracteres de evidencia después de lo que llevamos estudiado. A saber:
Una alimentación excitante, tóxica y abundante en albúminas (cárnea) dificulta el trabajo del músculo, porque le fatiga y recarga de productos tóxicos y de desintegración proteica. Una alimentación vegetariana y abundante por tanto en hidratos de carbono, proporciona por medio de éstos el adecuado combustible muscular y evita el recargo de toxinas ácidas que, como veremos en su lugar oportuno, dificultan progresivamente la contracción de las fibras musculares.
Actualmente viene dándose ya la importancia debida a una adecuada alimentación en los deportes y pruebas físicas, retrotrayéndose a la comida sencilla y sana que tradicionalmente y por instinto venían haciendo los campesinos dedicados a la agricultura, la cual ha sido siempre fuente de su vigor y resistencia. Y aun en muchos casos se extrema el rigor, cuando el organismo tiene que rendir un esfuerzo extraordinario o cuando debe ponerse a prueba su resistencia.
Leemos en un diario de Madrid que, cuando los capitanes Jiménez e Iglesias, intentaron batir el “récord” de distancia en aeroplanos sobre el “Jesús del Gran Poder” llevaban los siguientes alimentos: dos cestas con plátanos, dátiles e higos secos, varios frascos de Ceregumil, algunos termos con leche, otros con yemas de huevos, y muchas botellas de agua mineral. Una alimentación alcalinizante, antitóxica, ricamente mineralizada y vitaminizada o sea de óptimas condiciones para luchar contra el cansancio, el frío y la fatiga, manteniendo a la vez despejado el cerebro. Régimen, como se ve, en cuya confección no intervinieron los consabidos prejuicios de que el café, el licor espirituoso y la buena chuleta son alimentos que dan energías. Hoy se sabe muy bien que estas substancias son precisamente las que despilfarran las energías y aceleran la fatiga.

El régimen vegetariano, al evitar la intoxicación y la fatiga de los órganos, dilata la vida. Buena prueba de ello son las órdenes religiosas que tienen por precepto perpetuo la abstinencia de carnes (trapenses, cartujos, ermitaños…). Según nos decía Ontañón en la revista Estampa relatando su visita a un convento de cartujos, éstos “se abstienen de carne en absoluto hasta en casos de enfermedad. Y durante algunas fiestas de la Iglesia están prohibidos también los huevos, la leche, el queso y la manteca. No hacemos más que una comida diaria durante ocho meses al año –me comunica un hermano-. Los otro cuatro, sólo una cena frugal: huevos y unas hojitas de lechuga… Por cierto que el Papa Urbano V, asombrado de la severidad de nuestra orden, quiso revocarnos la perpetua abstinencia, y entonces se le presentó una comisión de cartujos en la que el más joven pasaba de los ochenta y cinco años… Habló éste en nombre de todos y tan sano optimismo debió ver el Pontífice que desistió de su idea”.
Pueblos enteros de estirpe aria y de religión budista en el oriente asiático, viven sin comer carnes, siendo probablemente los que presentan ejemplos más numerosos de longevidad.

Fragmento extraído de ‘CURSO DE MEDICINA NATURAL EN 40 LECCIONES’, Dr. Eduardo Alfonso . Editorial Kier (1era. edición año 1943 - Buenos Aires, Argentina)


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